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¨Donde quieras que vayas, no importa, donde vayas cumple siempre con tu deber…y sabe que yo siempre estaré allí, dentro de ti guiándote en cada paso del camino.
En los años por venir me experimentarán en muchas manifestaciones diferentes de mi forma.
Tú eres yo mismo, más que amado para mí.
Te protegeré como los parpados protegen a los ojos. Tú ya me tienes, así como yo te tengo a ti. Nunca te abandonaré y tú nunca podrás abandonarme.
De ahora en adelante, no desees ni anheles nada desempeña tu deber con un amor invariable, viendo a todos como a Dios.
Sé paciente a su debido tiempo, todo te será dado.
Sé Feliz, no hay necesidad de preocuparse por nada sea lo que fuere que se experimente, sea lo que fuera que suceda, sabe que este avatar así lo quiso.
No existe poder en el mundo que pueda demorar ni por un instante la misión para la cual este avatar ha venido.
Todos Ustedes son almas sagradas y tienen asignado el papel que habrán de desempeñar en el drama de La Nueva Edad de Oro que vendrá…¨.



"BHAGAVAN SRI SATHYA SAI BABA" .



lunes, 16 de febrero de 2009

TRES EN UNO AHORA


ESTE DÍA ES UN día sagrado, durante el cual los devotos meditan en la majestad y esplendor del Señor y prueban la dulzura de su nombre, que les es tan querido porque contiene en sí mismo la totalidad del Bhagavata. El avatar Krishna fue una encarnación completa, con todas las dieciséis facetas de la gloria divina. En el avatar Rama, de esas dieciséis, los tres hermanos tenían una cada uno y Parashurama tenía otra, hasta que Rama se enfrentó a él y lo dominó y absorbió la fracción de poder divino que tenía. Otras encarnaciones nacieron para fines específicos, para la supresión del mal representado por una persona o grupo de personas malvadas. Los avatares de Rama y Krishna, por su parte, fueron para fines más generales, como la misión de restaurar' la rectitud y fomentar el vivir virtuoso además de castigar a los malvados y enseñar al mundo que el vicio no puede tener éxito. El hombre es una amalgama de animalidad, humanidad y divinidad. Es una tragedia si no puede librarse de la animalidad y lo es mayor todavía si no puede cultivar la divinidad. La contemplación de los avatares de Rama y Krishna y de sus juegos y milagros es el método más seguro para cultivar lo divino en el hombre.
Antes de cada avatar aparecen también dos colaboradores en la tarea para la cual viene la encarnación: el poder de maya y el poder del yoga. En el caso de Krishna, maya vino como la hermana mayor para advertir a los malvados; yoga vino como el hermano mayor para alentarlo y guardarle constante compañía. Maya ayudó a que Kamsa cayera más y más profundo en la perdición para que su caída resultara más terrible y aleccionadora. Pero en esta Edad de Kali, los malvados deben ser reformados y reconstruidos por medio del amor y la compasión. Es por eso que este avatar ha venido sin armas; ha traído el mensaje del amor. La única arma que puede transformar a los malvados y viciosos es el nombre de Dios pronunciado con amor.
El Nombre está saturado de gloria divina; por eso, cuando es rememorado transforma a la mente en un instrumento para la liberación del engaño. Tomen el nombre de "Navanita Chora" (Ladronzuelo de mantequilla) que se usa para Krishna. No significa una persona que se escapa con la mantequilla que la gente ha almacenado; no es la materia llamada mantequilla, que se obtiene batiendo la leche cortada. Es la mantequilla de la fe, ganada por el proceso del batido, llamado "anhelo", de la leche cortada, llamada "experiencias mundanas". Él sólo codicia esta "mantequilla". Cuando Yashoda regañó al niño Krishna por este "robo", él contestó: "Pero, madre, me aman porque se la robo; se sienten mal si no lo hago; la baten con la esperanza de que yo la voy a robar; pero cuando la robo, sus corazones se iluminan y ellas despiertan".
Entre todas las maravillosas aventuras infantiles que asombraron a la gente y le revelaron la Divinidad que había venido entre ellos, el episodio de la serpiente Kalinga es el más significativo. La serpiente Kalinga envenenaba las aguas y la atmósfera alrededor del río Yamuna con su ponzoñoso aliento; todos los que se acercaban a esa área, hombre o ganado, caían muertos. Pero Krishna, el divino niño, saltó a las profundidades, forzó a la malvada serpiente a que se elevara por encima del nivel del río, y saltando sobre sus capuchas, bailó sobre ellas con sus tiernos pies de loto. La presión de aquellas plantas de seda fue suficiente para expulsar el mortal veneno de los colmillos de la monstruosa cobra y volverla inofensiva para siempre. Ésta es una gran lección para el hombre. Este juego divino es muy distinto de otros incidentes anteriores que evidenciaron la fuerza y sabiduría sobrehumanas del niño. Él fue arrastrado por el demonio que tomó forma de tempestad, fue golpeado por el demonio becerro, fue derribado por el demonio carro, fue picoteado por el demonio en forma de cigüeña, fue envenenado por el demonio nodriza; aunque los escépticos pueden fácilmente atribuir estos milagros a un accidente, una coincidencia o una exageración. Pero el episodio de Kalinga es una parábola, una valiosa lección de práctica espiritual.
En el Manasasarovar, el plácido lago de la mente de cada hombre, acecha una venenosa cobra de seis capuchas: la lujuria, la ira, la codicia, el apego, el orgullo y el odio, que infestan el aire y destruyen a todos los que se acercan. El Nombre del Señor, cuando se zambulle en las profundidades, la obliga a salir a la superficie para poder destruirla. Por eso, hagan que lo divino en ustedes, Krishna, domine su mente; hagan que él pisotee las siseantes cabezas y dome a la viciosa serpiente; hagan que vomite el veneno y se vuelva pura, serena y dulce. Ésta es la práctica espiritual que enseña este episodio, el deber que ordena.
Como todos los avatares, Krishna anunció su advenimiento al mundo gradualmente, paso a paso, probando cada vez en qué medida la realidad iba a ser aceptada por las masas. Las señales y milagros tenían la intención, entonces como ahora, de proclamar al avatar. Cuando todavía estaba en su cuna, el divino niño asombró a Yashoda. Ella le cantaba canciones de cuna y le relataba historias para dormirlo. Un día, estaba contando la historia del rey Dasarata en el Ramayana, quien había tenido cuatro hijos, de los cuales Rama era el mayor; de cómo éste había crecido y cuando iba a ser coronado príncipe heredero su madrastra persuadió a su padre de enviarlo exiliado a la selva durante catorce años; de cómo, ya estando ahí, un venado dorado apareció ante Sita, y Rama lo persiguió para poder regalárselo a su amada esposa; cómo el malvado Ravana, que había materializado al ciervo para alejar a Rama, llegó a la ermita en ese momento, raptó a Sita y la llevó a su reino en la isla de Lanka. En el momento en que ella mencionó esto, el niño pareció enojarse terriblemente. Tendiendo la mano gritó: "Lakshmana, dame mi arco y flecha!" La madre recordó que Lakshmana era el hermano que acompañaba a Rama en la selva y quedó convencida de que Aquel que fue Rama había venido de nuevo al mundo como Krishna.
También Chaitanya dio indicios a su madre de ser una encarnación cuando era niño. De hecho era aún un bebé que gateaba. Su madre tenía una vez un huésped, un viejo brahmín ortodoxo, quien estaba cocinando su propio almuerzo con las provisiones que ella le había dado. Hacía esto porque deseaba que su comida fuera ceremonialmente pura, sin contaminarse por otras manos. Ofreció a Dios la comida que iba a tomar; ése había sido su voto. Lo hacía preferentemente después de que la ofrenda estuviera lista. Justo en el momento en que se sentaba delante de la estatua de Krishna para adorarla, el niño gateó hacia él y metió los dedos en la vasija de la comida, haciéndola "impura" para ofrecerla a Dios. La madre de Chaitanya tuvo que darle nuevos ingredientes, el brahmín cocinó otra vez y, muy tarde ya, la adoración pudo continuar. Nuevamente el bebé llegó hasta la comida consagrada y la contaminó. ¡Tres veces repitió la travesura! La madre se llevó lejos al niño y, fuera de sí, lo amenazó con darle una tunda para castigar su travesura. Pero el niño le dijo inocentemente: "Él me está llamando a comer, pero cuando me acerco se enoja". Así reveló que era Krishna venido de nuevo.
Todos los avatares enseñan el abandono del,'apego como primer paso en el largo camino de la práctica espiritual. En el Threta Yuga, el Yoga Vasishta* enseñó la misma regla. En el Dwapara Yuga, Krishna le enseñó a Arjuna que debía abandonar el apego al mundo objetivo.
Hubo un asceta que había abandonado todo apego. Una vez iba caminando por un sendero en los Himalayas cuando el viento le sopló el pelo en la cara y bloqueó su visión. Entonces, él giró y caminó en la dirección opuesta. ¡No tenía apego a ninguna dirección o lugar!
Las personas recitan con aparente fe: "¡Krishna, Krishna, Krishna!", pero nunca abandonan la sed por los bienes mundanos o la fama. En cada edad (yuga) tienen al avatar del Señor que ha venido para redimir, revitalizar y reconstruir. En la actualidad, el Poder Supremo, la Ilusión Suprema y el Poder del Yoga han venido juntos en una sola forma humana; ustedes deben esforzarse por acercarse y ganar su gracia.

Sai Baba
Prashanti Nilayam
Aniversario del Nacimiento de Krishna
28 VII 67

* Obra en la que Rama plantea sus dudas al maestro Vasishta obteniendo de él las respuestas

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DEL PROGRAMA:

¨LA ENCARNACIÓN DIVINA¨